Varios años atrás, durante una serie de cursos dictados en varios países tales como Venezuela y México, se me ocurio que el profesional en Latina Ameríca, tendría mayor beneficio en tomar en sus propias manos el asunto institucional de manejar la supervisión del predictivo, de la vibración y de esas otras disciplinas necesarias al completar una buena confiabilidad industrial.
Así me recuerdo proponer varias veces de crear la fundación o sea, el núcleo de un tal acercamiento para adelantar una independización local, regional o nacional en materias o sujetos pertinentes. De repente, mientras seguía algo de mi entusiasmo inicial, supongo que aproximadamente 150 ingenieros de 4 o 5 países estuvieron expuestos al concepto, y todos quedaron de acuerdo para decir hasta que punto era buena la idea, que ayudaría la revolución predictiva, etc. Entonces, después de tanto tiempo, ¿cuantos emails he recibido al proposito? ¡Ni el primero! Lo que trae mi queja: en términos profesionales, a pesar de unas variaciones al nivel educacional, el ingeniero al Sur logra la meta, pero en términos gerenciales, si a veces nos espanta el problema de la falta de empoderamiento (o sea “empowerment”) por las pesadas estructuras empresariales, la conclusión del experimento era que el profesional no se empodera a si mismo. Fuera de lo que paga la empresa, no se invierte hacia el progreso. Siento la molestia si alguien queda un poco bravo al leer lo previo. La muestra fue limitada. De repente, el proyecto no tenia lo suficiente apoyo oficial. Pues, lo oficial, uno lo crea de si mismo, con trabajo y con tiempo. El CMVA tendrá dentro de poco su cumpleaños con 25 reuniones anuales realizadas. Tuvó que montarse la primera antes de llegar al cuarto de siglo.